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	<title>ART &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
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	<title>ART &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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		<title>El totumo sigue esperando ser la estrella en los eventos comunitarios  </title>
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		<pubDate>Thu, 15 May 2025 18:55:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Talleres empresariales]]></category>
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		<category><![CDATA[Fondo Colombia en Paz]]></category>
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<ul class="wp-block-list">
<li>Más totumo, menos uso del plástico piden los productores de este fruto, que ven en sus productos una alternativa sostenible y amigable</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En un momento en que el planeta clama por menos plástico y menos basura, desde los Montes de María, al norte de Colombia, la comunidad de Ovejas ha dicho&nbsp;<strong><em>basta</em></strong>&nbsp;al uso de desechables. Allí, en medio de música de gaitas, charlas académicas y el aroma a suero costeño y yuca recién cocida, el totumo —sí, ese fruto de corteza dura y alma generosa— volvió a brillar como alternativa sostenible y símbolo de resistencia cultural.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Doña Isabel María Díaz, una mujer sabia y decidida habla con voz firme y sonrisa amplia, no sólo enseñó a los asistentes a comer de totumo, sino que también habló de la urgencia de rescatarlo como símbolo de identidad campesina y de defensa del medio ambiente.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">“El totumo es nuestra respuesta al plástico, a los platos y vasos que solo sirven una vez y después inundan los ríos y las calles”, dijo mientras sostenía uno de los más de 200 recipientes que se usaron en un encuentro de saberes realizado en el 2021. Y no era cualquier utensilio: platos hondos, pandos, cucharas, vasos y hasta vineras, todos tallados a mano, siguiendo una tradición que se resiste a morir.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el totumo no es solo un utensilio. Isabel recuerda, mientras alista los platos para servir el almuerzo comunitario, que la corteza del totumo y sus semillas tienen propiedades medicinales que las comunidades rurales conocen desde hace siglos. «<strong><em>Sirve para el asma, la tos, para bajar la presión, para limpiar el cuerpo por dentro y por fuera. Antes que botellas y remedios de farmacia, estaba el totumo»</em></strong>, dice mientras acomoda ñame y arroz con fríjol en las cáscaras brillantes que parecen de madera pulida.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El menú, servido en totumos, fue una auténtica declaración de principios: arroz con fríjol, carne de cerdo, yuca, berenjena y ñame, todo acompañado por suero costeño y cocadas de postre.&nbsp;<strong><em>Nada de empaques plásticos ni cubiertos desechables.</em></strong>&nbsp;Hasta las servilletas fueron hojas de palma, demostrando que es posible realizar eventos masivos sin dejar huellas de basura.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El totumo, árbol de vida y subsistencia&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aunque muchas personas asocian el totumo únicamente con los pueblos del Caribe, la realidad es que el árbol crece en distintas regiones del país: desde la sabana sucreña y cordobesa, hasta zonas del Tolima Grande y Huila. Sus frutos, grandes y redondos, son recolectados cuando están maduros y, tras secarlos y vaciarlos, se convierten en objetos útiles: jarras, lámparas, cucharones, alcancías, e incluso instrumentos musicales.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ciudades como Ibagué, Neiva y Villavicencio, algunos colectivos ecológicos han comenzado a recuperar el uso del totumo para promover mercados artesanales libres de plástico. Incluso, diseñadores jóvenes han empezado a darle un giro contemporáneo: bolsos, lámparas y macetas hechas de totumo que se venden en ferias locales, dando empleo a familias campesinas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">«El totumo es un árbol que da más de lo que la gente cree. No sólo es fruto, es cultura, es resistencia», dice don Manuel Ortega, artesano quien desde hace años vive de transformar el fruto en vajillas completas. Además, recuerda cómo en los Llanos el totumo se usaba como recipiente para guardar guarapo y leche, o como maraca para las fiestas.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Educación ambiental desde la raíz&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los organizadores del Encuentro de Saberes Ancestrales no sólo quisieron hablar del totumo como objeto útil, sino también promover la conciencia ambiental en niños y jóvenes, quienes participaron en talleres de elaboración de objetos a partir del fruto. «Si desde pequeños les enseñamos a valorar lo nuestro, vamos a tener adultos que no dependan de lo desechable», explicó Isabel María Díaz.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El uso del totumo es, también, un acto de resistencia frente a la globalización del plástico y las importaciones</em></strong>. Mientras miles de platos y vasos de poliestireno llenan los basureros tras cada fiesta, estos campesinos y sabedores recuerdan que antes el campo se abastecía con lo que la naturaleza daba, sin contaminar ni gastar de más.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, frente a la pobreza que golpea muchas veredas, el totumo es una fuente de subsistencia digna. Por cada fruto se pueden sacar hasta cuatro piezas útiles y vendibles. «Si la gente se anima, esto puede ser un ingreso seguro para las familias campesinas», dice Manuel Ortega, mientras muestra orgulloso una vajilla completa lista para ser entregada a una familia de Cartagena que hace tiempo cambió el plástico por el totumo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El totumo como símbolo político y cultural&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«Cuando yo sirvo comida en un totumo, estoy diciendo que soy campesina, que respeto la tierra y que quiero un mundo limpio», explica doña Isabel, mientras recoge los platos ya lavados, listos para otra jornada. En su visión,&nbsp;<strong><em>el totumo se convierte en una bandera silenciosa de lucha contra la contaminación, pero también de orgullo por el saber campesino.&nbsp;&nbsp;</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«No podemos seguir hablando de cultura si al final del día dejamos bolsas, vasos y platos tirados por todas partes», advirtió una de las líderes comunitarias, se hace necesrio poner sobre la mesa el debate sobre cómo estamos consumiendo y celebrando en los eventos campesinos, por ejemplo.&nbsp;&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">El totumo, entonces, pide pista en los eventos comunitarios de todo el país. No solo como un utensilio práctico, sino como un símbolo de resistencia, de cuidado ambiental y de amor profundo por lo que somos. Desde Ovejas hasta las ciudades, el mensaje queda claro: comer en totumo es volver al origen y dar un paso hacia un futuro más limpio.&nbsp;&nbsp;</p>
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		<title>El viche sigue siendo un puente entre las generaciones para proteger el territorio</title>
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		<dc:creator><![CDATA[Creasotol]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 14 May 2025 17:51:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
		<category><![CDATA[ARD]]></category>
		<category><![CDATA[ART]]></category>
		<category><![CDATA[Bajo Baudó]]></category>
		<category><![CDATA[bebida ancestral]]></category>
		<category><![CDATA[Chocó]]></category>
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					<description><![CDATA[En Pizarro, donde la selva se encuentra con el río y la pobreza aún golpea duro, la Fundación Despertar Flórez ha tejido un puente firme entre los mayores que guardan los saberes y las nuevas generaciones que buscan no olvidar quiénes son. Es un trabajo paciente, hecho de palabras y de actos, donde el viche [&#8230;]]]></description>
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<ul class="wp-block-list">
<li>En Pizarro, un rincón del Bajo Baudó en Chocó, las conversaciones más importantes no se dan en oficinas ni frente a escritorios. Se dan al calor de la cocina, alrededor de las manos que trabajan la caña de azúcar.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En Pizarro, donde la selva se encuentra con el río y la pobreza aún golpea duro, la Fundación Despertar Flórez ha tejido un puente firme entre los mayores que guardan los saberes y las nuevas generaciones que buscan no olvidar quiénes son. Es un trabajo paciente, hecho de palabras y de actos, donde el viche aparece como mucho más que una bebida: es un símbolo de dignidad, de cultura viva y de defensa del territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>La Ruta del Viche: un camino de memoria y resistencia</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">«La Ruta del Viche» no es solo el trayecto de la caña al destilado. Es la ruta de las mujeres que, con sus manos y su sabiduría, cuidan cada paso de la preparación. Teresa Flórez, lideresa de la Fundación, lo explica con orgullo: «Aquí las mujeres siembran la caña, vigilan el trapiche, extraen el guarapo, lo fermentan con naidí y lo cuidan como se cuidan las historias importantes, las que no se pueden perder».</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada gota de viche, dice Teresa, lleva consigo el conocimiento de las abuelas y abuelos, las recetas que se heredan de boca en boca, y también la fuerza para mantener viva una economía que no siempre recibe el apoyo que merece. “Para nosotros el viche no solo es una bebida, es una forma de defender lo que somos”, afirma.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Conversaciones que cuidan la cultura</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, la Fundación organiza encuentros donde las y los mayores se sientan a contar a niñas, niños y jóvenes cómo se hace el viche, pero también por qué. Allí se habla de las plantas, de las maderas, de las frutas, de los espíritus del monte, y de cómo, al preparar el viche, se honra al territorio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Queremos que la juventud no olvide que el viche tiene su ritual, su respeto. No es solo tomarlo, es saber de dónde viene”, dice Teresa. Por eso, cuando se recorre “La Ruta del Viche”, no solo se mira el proceso de destilado, sino que se escucha a las mujeres y hombres que explican qué significa cada paso, qué historia encierra cada herramienta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El poder sanador y espiritual del viche</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero el viche no llega solo. A su lado caminan otras preparaciones como la curada, una mezcla medicinal que sirve para limpiar el cuerpo y el espíritu. «Nuestros padres se toman la curada en la mañana para espantar las malas energías, para empezar el día limpios», cuenta Teresa. Y añade que estas bebidas no son solo para el cuerpo, sino para mantener la conexión con la tierra, con los ancestros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La curada, preparada con viche y plantas del monte, también es usada por las mujeres para sanar su cuerpo, y se dice que ayuda a la fertilidad y limpia el hígado y los riñones. «Son saberes que el Estado no conoce, pero que nosotros necesitamos preservar», dice Teresa, recordando que en 2021 se aprobó la ley que regula la producción del viche, pero aún falta que se reconozcan plenamente sus usos tradicionales.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Un territorio que quiere florecer</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras la Fundación Despertar Flórez enseña a proteger la cultura, también trabaja para aliviar las necesidades básicas de la comunidad. En Pizarro, donde el mar y el río traen la abundancia de la naturaleza, sigue faltando lo esencial: caminos para sacar los productos, escuelas con recursos, hospitales completos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, además de «La Ruta del Viche», la Fundación impulsa bancos de alimentos, comedores comunitarios, y entrega ropa y zapatos a las niñas y niños que los necesitan. En 2006, por ejemplo, lograron repartir más de 7.000 pares de chanclas, y en 2023 llevaron por primera vez clases de inglés a estudiantes de grado once. «Nuestro trabajo también es que nuestros niños y niñas puedan soñar con un futuro mejor, sin olvidar quiénes son», dice Teresa.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Viche para el mundo, raíces en Pizarro</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, la Fundación trabaja para que la historia del viche cruce las fronteras del Pacífico. Quieren que visitantes de otras regiones y del mundo puedan recorrer las estaciones de “La Ruta del Viche”, conocer a las mujeres que cuidan la caña, ver los trapiches en funcionamiento y aprender el significado profundo de esta bebida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">«Queremos que quien venga a Pizarro entienda que aquí el viche no es solo un trago, es la vida misma de nuestra gente, es nuestra lucha por seguir siendo nosotros, por no rendirnos ante el olvido», concluye Teresa, mientras sueña con un futuro donde las niñas y niños del Bajo Baudó crezcan sabiendo que sus raíces son fuertes y profundas, como la caña que da origen al viche.</p>
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