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	<title>COLOMBIA PROFUNDA &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
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	<title>COLOMBIA PROFUNDA &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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		<title>¿Por qué escribir sobre nuestra madre resulta tan complejo?</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 Jul 2026 19:27:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Autoperdón]]></category>
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		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
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					<description><![CDATA[No es la regla general, pero cuando escribir sobre nuestra madre se vuelve imposible, quizás sea una invitación a explorar uno de los lugares más profundos de nuestro corazón, ese donde el perdón aún espera ser descubierto. En muchos procesos terapéuticos se propone escribir una o varias cartas a nuestros padres como una herramienta para [&#8230;]]]></description>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">No es la regla general, pero cuando escribir sobre nuestra madre se vuelve imposible, quizás sea una invitación a explorar uno de los lugares más profundos de nuestro corazón, ese donde el perdón aún espera ser descubierto.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En muchos procesos terapéuticos se propone escribir una o varias cartas a nuestros padres como una herramienta para sanar al niño interior. Parece un ejercicio sencillo: tomar una hoja en blanco y comenzar. Sin embargo, para muchas personas esa hoja permanece vacía durante días, semanas, meses o incluso años. El silencio termina diciendo mucho más que las palabras.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo mismo puede ocurrir al escribir sobre el padre o la figura paterna. No hay prisa. Cada persona tiene su propio tiempo para iniciar ese viaje. A veces basta con sostener un lápiz entre las manos o abrir una libreta para comprender que aún existe una herida esperando ser escuchada. Si escribir todavía resulta difícil, puedes grabar tu voz, hablar frente a una cámara o simplemente conversar contigo mismo. Lo importante es comenzar.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><a href="https://oscarvinapardo.com/un-libro-y-una-agenda-para-transformar-tu-historia/">Le puede interesar una agenda y un libro que te pueden ayudar en tu camino</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi sugerencia es iniciar recordando aquello que sí dejó una huella luminosa. Un abrazo, una comida preparada con amor, una mirada de orgullo, un consejo, un juego de infancia, una canción. La memoria agradecida abre caminos que el resentimiento suele mantener cerrados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las heridas no nacen de los momentos felices. Generalmente aparecen en aquellos instantes donde sentimos ausencia, abandono, incomprensión o rechazo. Son experiencias que muchas veces siguen viviendo dentro de nosotros, aunque hayan transcurrido décadas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">😇 <a href="https://oscarvinapardo.com/un-libro-y-una-agenda-para-transformar-tu-historia/">Le puede interesar como adquirir la agenda cual es tu historia y el libro Recuerda que nada es personal</a></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá, como ocurre en mi caso, tu madre ya no esté físicamente. Sin embargo, puedes traerla al presente mediante una fotografía, un recuerdo, un video o una sencilla visualización. No para juzgarla nuevamente, sino para observarla desde un lugar distinto. No desde el verdugo que busca culpables, sino desde el ser consciente que comprende que la herida habita en su interior y que quien necesita sanar es uno mismo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con la madre existe un vínculo profundamente especial. Durante nueve meses compartimos un mismo espacio, un mismo ritmo y una misma respiración. Más allá de las creencias espirituales de cada persona, ese primer lazo deja una huella emocional que muchas veces nos acompaña toda la vida. Comprender ese vínculo no significa desconocer la importancia del padre; simplemente es reconocer que cada relación tiene un aprendizaje diferente. Sobre el padre escribiré en otra oportunidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puedes iniciar el ejercicio escribiendo el nombre completo de tu madre. Si conoces su árbol familiar, añade sus apellidos y, mientras los escribes, imagina a quienes estuvieron antes que ella: sus padres, sus abuelos, sus bisabuelos. Tal vez nunca los conociste, pero puedes permitirte imaginar sus vidas, sus alegrías, sus dolores y los desafíos que enfrentaron. Ese ejercicio no busca reconstruir la historia con exactitud, sino abrir espacio para la compasión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Después escribe una frase sencilla: <strong>«Gracias por haberme dado la vida.»</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Sé que para algunos esa frase puede generar resistencia. Incluso podrían responder con ironía:&nbsp;<em>«¿Para la vida que me dio?»</em>. Sin embargo, antes de cualquier juicio existe un hecho imposible de cambiar: gracias a ella llegaste a este mundo. Ese puede ser el primer punto de partida para iniciar un camino diferente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Si esta imagen resuena contigo, visualiza un cordón de plata, lleno de luz que une tu corazón con el de tu madre; luego imagina que ese mismo hilo conecta a tu madre con la suya y así sucesivamente con las mujeres que hicieron posible tu existencia. No importa si lo llamas energía, memoria familiar, símbolo o simplemente una visualización consciente. Permite que esa imagen despierte en ti gratitud, comprensión y apertura.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Poco a poco comenzarán a aparecer recuerdos olvidados, emociones guardadas y preguntas que nunca te habías formulado. Entonces descubrirás que no escribirás una sola carta. Escribirás muchas, porque cada etapa de tu vida tendrá algo nuevo que decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En ese momento te invito a detenerte y hacer un ejercicio que forma parte del método que propongo en&nbsp; mi libro&nbsp;<em>Recuerda que Nada es Personal</em>. Lee lo que acabas de escribir y pregúntate desde qué personaje estás hablando.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está escribiendo el&nbsp;<strong>verdugo</strong>, señalando todo aquello que considera imperdonable?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está escribiendo el&nbsp;<strong>pobre de mí</strong>, convencido de que toda su historia fue una sucesión de injusticias?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está escribiendo el&nbsp;<strong>salvador</strong>, intentando justificar cada comportamiento de su madre para no enfrentar su propio dolor?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Está escribiendo el&nbsp;<strong>controlador</strong>, tratando de encontrar una explicación lógica para cada recuerdo?</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿O está escribiendo el&nbsp;<strong>manipulador</strong>, utilizando el sufrimiento para obtener reconocimiento, atención o afecto?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ninguno de esos personajes eres tú. Son solamente formas que adopta el dolor para intentar sobrevivir. Identificarlos no tiene como propósito juzgarte, sino darte la oportunidad de descubrir que detrás de cada uno existe un ser mucho más auténtico, amoroso y libre.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso la primera carta nunca debería corregirse. Déjala salir tal como nace. Si está llena de rabia, déjala hablar. Si está llena de lágrimas, permite que moje el papel. Si aparecen palabras duras, escríbelas. Lo importante es que el dolor encuentre un camino para expresarse. Después vendrán otras cartas. En ellas comenzarás a descubrir nuevas miradas, nuevas comprensiones y, poco a poco, una paz que no nace porque el pasado cambió, sino porque tú comenzaste a transformarte.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con frecuencia cargamos dolores que pertenecen a nuestra madre o nuestro padre creyendo, de manera inconsciente, que así la ayudamos a sufrir menos. Pero el amor no consiste en cargar el peso del otro. El verdadero amor consiste en permitir que cada persona viva su propio aprendizaje mientras nosotros asumimos responsablemente el nuestro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando repetimos, sin cuestionarlos, los mismos patrones familiares, alimentamos una espiral que pasa de generación en generación. Esa espiral del dolor no distingue edades ni épocas; simplemente busca continuar. Sanar significa interrumpir ese movimiento para que quienes vienen después reciban una historia diferente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Escribirle a tu madre o a tu padre es mucho más que redactar una carta. Es abrir un diálogo con tu propia historia. Es acercarte a esa raíz invisible desde donde nacen muchas de tus decisiones, tus relaciones, tus miedos y también tus fortalezas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y si después de varios intentos continúas sin poder escribir una sola línea, quizá el trabajo todavía no sea con tu madre o esa persona que fue tu figura materna. Tal vez sea momento de sentarte primero frente a ese niño o esa niña que aún vive dentro de ti. Escúchalo. Pregúntale qué necesita decir. Cuando él encuentre su voz, la carta comenzará a escribirse casi por sí sola.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque escribir no cambia el pasado. Lo que transforma es la conciencia con la que decides volver a él. Cuando el amor empieza a ocupar el lugar donde antes habitaba el juicio, el perdón deja de ser una obligación y se convierte en una consecuencia natural del crecimiento espiritual.</p>
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		<title>Nacira, la mujer que tejía la memoria</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Jul 2026 14:44:54 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Montes de Maria]]></category>
		<category><![CDATA[Morroa]]></category>
		<category><![CDATA[Nacira Nunez]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre los hilos de una hamaca, una mujer convirtió el dolor de la guerra en el lenguaje silencioso de la esperanza. Nacira Luz López Buelvas comenzó aquella entrevista con el fotógrafo lituano Vytenis Didzuilis sin imaginar que no sería una conversación de una tarde, sino un diálogo que tardaría más de dos años en terminar. [&#8230;]]]></description>
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<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph"><em>Entre los hilos de una hamaca, una mujer convirtió el dolor de la guerra en el lenguaje silencioso de la esperanza.</em></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Nacira Luz López Buelvas comenzó aquella entrevista con el fotógrafo lituano Vytenis Didzuilis sin imaginar que no sería una conversación de una tarde, sino un diálogo que tardaría más de dos años en terminar. Durante veinticuatro meses él volvió una y otra vez a verla tejer, a escucharla, a guardar silencios y a comprender que aquella hamaca de mil colores no era simplemente una artesanía: era un mapa de la memoria. Cada hilo que cruzaba sus manos llevaba escondido un nombre, una ausencia, una historia. Mientras el tejido crecía, también se iba destejiendo su vida, como si hubiera esperado durante décadas a alguien dispuesto a escucharla hasta el final.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En Morroa, a pocos minutos de Sincelejo, el calor termina por desnudarlo todo. También el alma. Después de varios días de trabajo, Nacira comenzó a quitarse parte de la ropa para soportar las altas temperaturas mientras seguía moviendo el telar con la serenidad de quien conoce el lenguaje de los hilos. No había vergüenza en aquel gesto; había libertad. Era como si con cada prenda que dejaba a un lado también se desprendiera de un poco del miedo acumulado durante tantos años de guerra. Frente a Vytenis no estaba posando una mujer. Estaba sanando una sobreviviente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los Montes de María aprendieron demasiado pronto el significado del silencio. Allí la guerra dejó casas vacías, caminos sembrados de miedo y familias partidas para siempre. La violencia convirtió los amaneceres en incertidumbre y las noches en un territorio donde cualquier ruido podía anunciar la tragedia. Muchas personas nunca regresaron. Otras regresaron distintas. Y hubo quienes comprendieron que el único camino posible para seguir viviendo consistía en recoger los pedazos de la comunidad y volver a unirlos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Eso hicieron las mujeres.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras los hombres cargaban muchas veces el peso de la confrontación o el destierro, fueron ellas quienes sostuvieron la vida cotidiana. Cocinaron para quienes quedaban, cuidaron a los niños que preguntaban por quienes nunca volverían, acompañaron los duelos que parecían interminables y, cuando el miedo comenzó a ceder, transformaron la palabra y el tejido en herramientas para reconstruir el territorio.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Descubrieron que una aguja también podía desafiar a la violencia y que una hamaca podía convertirse en un archivo de la memoria.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Nacira entendió muy pronto que tejer era mucho más que fabricar un objeto. Era una manera de nombrar a los ausentes sin romperse, de abrazar el dolor sin dejarse consumir por él y de demostrar que la reparación comienza mucho antes de que aparezcan las instituciones. Empieza cuando alguien decide volver a confiar en el otro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso una Nacira habita el telar y otra se sienta en los círculos de palabra y memoria histórica. En ambos lugares es la misma mujer, pero habla idiomas distintos. En uno conversan las manos; en el otro lo hace la voz. Siempre pensando en las mujeres como el centro de la reconstrucción del tejido social de los Montes de María. Junto a lideresas como su hija Edilma Corrales y Soraya Bayuelo Castelar ha tejido, destejido y vuelto a tejer la esperanza, convencida de que incluso las heridas más profundas pueden encontrar una costura que las mantenga unidas. No desaparecen. Nunca desaparecen. Pero dejan de sangrar cuando alguien se atreve a compartirlas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Con el tiempo, Vytenis también quedó atrapado en esa historia. En Lituania comenzaron a preguntarse por él. Decían que se lo había tragado la tierra. Nadie entendía por qué seguía regresando a Morroa. Algunos imaginaron que era la belleza de aquella mujer que tejía bajo el sol del Caribe. Otros pensaron que nunca había visto una hamaca con semejante explosión de colores. Ninguna explicación alcanzaba. Lo que realmente lo retenía eran los relatos de una mujer campesina que hablaba por cientos de mujeres. Comprendió que Nacira no representaba únicamente a Morroa, sino a los quince municipios que conforman los Montes de María, un territorio donde la guerra intentó romper la identidad colectiva y donde la memoria decidió responder con dignidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Allí nacieron iniciativas como El Mochuelo, el Museo Itinerante de la Memoria, que llevó las voces de las víctimas hasta las plazas de los pueblos; las cartografías del cuerpo y el territorio, donde las telas comenzaron a dibujar aquello que las palabras no alcanzaban a decir; y los archivos del dolor convertidos en esperanza, porque registrar la memoria también es una manera de impedir que la historia vuelva a repetirse.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Conocí a Nacira gracias al proyecto&nbsp;<em>Voces en el Territorio</em>. Al principio nuestras conversaciones eran breves. Ella observaba más de lo que hablaba. Bastó compartir varios días en su casa, junto a Clara Téllez, para descubrir que su hospitalidad era otra forma de resistencia. Nos recibió con los sabores heredados de sus ancestros, con la generosidad de quien nunca perdió la capacidad de abrir la puerta, aun después de que la violencia intentara cerrarla para siempre. Hay personas que envejecen acumulando años. Nacira los ha convertido en sabiduría.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Han pasado más de cinco años desde aquella visita y aún no he vuelto a Morroa. Sin embargo, sigo caminando ese territorio a través de las redes sociales y de las noticias del colectivo de mujeres que continúa organizando, año tras año, el Festival de la Luna.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada edición parece un milagro construido a pulso. Porque la memoria también necesita presupuesto, voluntades y manos dispuestas a trabajar cuando casi nadie mira. Detrás de cada escenario, de cada exposición y de cada tejido hay mujeres que hacen rifas, gestionan recursos, golpean puertas y se niegan a permitir que el olvido gane la batalla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá por eso el reconocimiento que recibirá Nacira del Rosario Núñez Corralesdurante el Festival de la Luna tiene un significado que trasciende cualquier homenaje. No es solamente un premio para una artesana. Es el abrazo que un territorio le ofrece a una mujer que decidió convertir el dolor en un oficio de esperanza. Es el agradecimiento de un pueblo que comprendió que la paz también se construye alrededor de un telar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A veces pienso que Colombia debería parecerse más a una hamaca montemariana. En ella ningún hilo es idéntico al otro, ninguno ocupa el lugar del vecino y, sin embargo, todos son indispensables para sostener el peso de quien descansa. La reconciliación quizá no sea otra cosa que aprender a tejer de nuevo con quienes alguna vez compartieron el mismo territorio roto por la guerra.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y cuando cae la noche sobre Morroa, mientras la luna vuelve a iluminar los telares y el viento mueve lentamente las hamacas, imagino a Nacira haciendo lo que mejor sabe hacer: cruzar un hilo más. Porque cada puntada es una victoria sobre el olvido. Porque mientras existan mujeres como ella, la memoria seguirá encontrando el camino de regreso a casa.</p>
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		<title>El significado oculto de nuestro nombre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jun 2026 20:18:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Autoperdón]]></category>
		<category><![CDATA[autoperdon]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[cual es tu historia]]></category>
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					<description><![CDATA[El nombre que llevamos, e incluso los apodos que nos acompañan a lo largo de la vida, encierran historias, emociones y significados que pueden ayudarnos a comprender mejor quiénes somos. Por Oscar Viña Pardo Muchos son los interrogantes que llegan a mi mente cuando reflexiono sobre el poder de nuestro nombre. Ese conjunto de letras que [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">El nombre que llevamos, e incluso los apodos que nos acompañan a lo largo de la vida, encierran historias, emociones y significados que pueden ayudarnos a comprender mejor quiénes somos. <strong>Por Oscar Viña Pardo</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Muchos son los interrogantes que llegan a mi mente cuando reflexiono sobre el poder de nuestro nombre. Ese conjunto de letras que nos identifica desde el nacimiento, acompañado por nuestros apellidos, termina convirtiéndose en una carta de presentación ante el mundo y en una parte fundamental de nuestra identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Vale la pena recordar que somos seres únicos e irrepetibles. Aunque muchas personas afirman que somos la imagen y semejanza de nuestros padres, cada ser humano posee un sello propio que no puede reproducirse completamente en ninguna otra persona. Ese sello está compuesto por nuestra historia, nuestras experiencias, nuestras emociones y también por aquello que simboliza el nombre que recibimos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Detrás de cada nombre existe una historia. Algunas veces fue elegido en honor a un abuelo, una abuela, un tío o una persona admirada por la familia. En otras ocasiones responde a tradiciones religiosas, al santo del día, a una promesa familiar o incluso a una ocurrencia espontánea de los padres. Sea cual sea su origen, cada nombre guarda una carga emocional que merece ser explorada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En la segunda edición de la agenda&nbsp;<strong><em>¿Cuál es tu historia?</em></strong>&nbsp;quise profundizar en este tema porque considero que el nombre es una puerta de entrada al autoconocimiento. También he desarrollado algunos videos que invitan a reflexionar sobre su significado desde diferentes perspectivas: la etimológica, la histórica, la espiritual y la gnóstica, por mencionar algunas. Sin embargo, las posibilidades son infinitas, porque cada persona puede encontrar nuevos significados a partir de su propia experiencia de vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ese es precisamente el ejercicio que les propongo: construir de manera consciente y amorosa el significado de su nombre. No quedarse únicamente con la definición encontrada en un libro o en internet, sino preguntarse qué representa realmente para usted. ¿Qué emociones despierta? ¿Qué recuerdos evoca? ¿Qué fortalezas refleja? ¿Qué aprendizajes contiene?</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi nombre es Óscar. Una de sus interpretaciones lo relaciona con la expresión «lanza divina». En conversaciones con otros homónimos hemos coincidido en asociar esa lanza con el poder de la palabra, la comunicación y la capacidad de transmitir mensajes que puedan generar reflexión. Sin embargo, cada persona llamada Óscar podría encontrar un significado distinto. Allí radica la riqueza del ejercicio: resignificar desde la propia experiencia aquello que parece estar definido de antemano.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso considero importante construir el significado de nuestro nombre desde dos dimensiones complementarias: la realidad y la espiritualidad. La primera nos conecta con nuestra historia familiar, con las razones por las cuales fuimos nombrados y con las experiencias que hemos vivido. La segunda nos invita a preguntarnos qué propósito, qué misión o qué aprendizaje puede estar asociado a ese nombre dentro del camino de vida que hemos recorrido.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cuando el nombre se une a los apellidos, aparecen nuevas pistas sobre nuestra historia. Los apellidos hablan de linajes, de raíces, de herencias emocionales, de valores transmitidos entre generaciones y de experiencias que, de una u otra forma, han contribuido a moldear nuestra identidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Sé que para algunas personas estas reflexiones pueden parecer atrevidas. Sin embargo, las comparto porque estoy convencido de que el autoconocimiento es uno de los caminos más poderosos hacia la reconciliación con nosotros mismos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Por eso quiero hacerle una invitación. Si adquiere el libro&nbsp;<em>Recuerda que Nada es Personal</em>&nbsp;y la agenda&nbsp;<em>¿Cuál es tu historia?</em>, me permitiré acompañarlo en la construcción de una primera interpretación del significado de su nombre. A través de algunas preguntas sencillas podremos iniciar un proceso de exploración personal que, posteriormente, usted mismo podrá enriquecer.</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Al final, nadie mejor que usted para descubrir quién es realmente. Nadie mejor que usted para resignificar su historia desde el amor, reconocer sus fortalezas y dejar atrás esa voz crítica o ese verdugo interior que muchas veces nos acompaña durante la vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá la respuesta no esté únicamente en el significado que otros le dieron a su nombre, sino en el significado que usted decide darle a partir de hoy.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Viva la magia de la Sierra Nevada entre selva, río y sabiduría ancestral</title>
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		<pubDate>Mon, 29 Dec 2025 12:20:50 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
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		<category><![CDATA[Sierra Nevada]]></category>
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					<description><![CDATA[En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, Tewimake ofrece una experiencia de descanso consciente donde la naturaleza, el agua y la cosmovisión indígena se encuentran. La Sierra Nevada de Santa Marta no es solo una montaña: es un territorio sagrado donde la vida conversa en silencio. Allí, donde la selva respira humedad, los [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">En el corazón de la Sierra Nevada de Santa Marta, Tewimake ofrece una experiencia de descanso consciente donde la naturaleza, el agua y la cosmovisión indígena se encuentran.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La Sierra Nevada de Santa Marta no es solo una montaña: es un territorio sagrado donde la vida conversa en silencio. Allí, donde la selva respira humedad, los ríos guardan memoria y las comunidades indígenas protegen el equilibrio del mundo, se esconde un lugar pensado para detener el tiempo y volver al origen.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este escenario único nace&nbsp;<strong>Tewimake</strong>, un santuario de lujo sostenible ubicado a orillas del&nbsp;río Don Diego. Desde el primer paso, la experiencia invita a bajar el ritmo: no hay ruido urbano, solo el murmullo del agua, el canto de las aves y la sensación profunda de estar entrando a un territorio vivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las cabañas, construidas en madera y elevadas entre árboles y lianas, dialogan con el paisaje sin imponerse. Desde sus terrazas no se observan muros ni artificios, solo verde infinito, cielo abierto y un silencio que se vuelve medicina. Aquí, el lujo no es exceso: es espacio, calma y conexión.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los momentos más significativos del viaje es el encuentro con comunidades indígenas cercanas como Katanzama o Tayronaka, del pueblo&nbsp;Kogui. No se trata de turismo folclórico, sino de un acercamiento respetuoso a una cosmovisión que entiende la naturaleza como un ser vivo y al ser humano como su cuidador, no su dueño.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La aventura también hace parte del camino. El tubing por el río Don Diego permite dejarse llevar por la corriente mientras el bosque envuelve cada instante. Para quienes buscan mayor movimiento, las rutas en bicicleta por la Sierra desafían el cuerpo y recompensan con paisajes que parecen intactos, casi sagrados.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Entre las experiencias más memorables está el BBQ Donuts: un comedor flotante que se desliza suavemente por el río, combinando gastronomía, contemplación y juego. Comer mientras el agua avanza lentamente es una forma distinta, y profundamente emocional,&nbsp;&nbsp;de celebrar el presente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La jornada culmina en la mesa. La cocina de Tewimake honra el territorio: ingredientes locales, sabores honestos y recetas que cuentan historias. Cada plato es un homenaje a la biodiversidad de la Sierra y a los saberes que la han protegido durante siglos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A solo 40 minutos de&nbsp;Santa Marta, en la vereda Perico Aguao, Tewimake no es simplemente un destino para vacacionar. Es una invitación a escuchar la montaña, a dejarse guiar por el río y a comprender por qué la Sierra Nevada sigue siendo uno de los corazones espirituales de Colombia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque aquí el descanso no se mide en estrellas, sino en la forma en que uno regresa distinto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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		<title>Tumaqueñas le ponen sabor a la Costa Pacífica nariñense</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sat, 02 Aug 2025 23:05:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
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					<description><![CDATA[En la perla del pacífico nariñense hay dos mujeres que a través de la gastronomía llevan a los comensales a otro nivel En el Pacífico nariñense, las mujeres son símbolo de trabajo, amor y tradición. Dos emprendedoras, Darlys Inés Orobio y Marcela García, unen sus saberes culinarios para ofrecer una experiencia gastronómica única en Tumaco. [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">En la perla del pacífico nariñense hay dos mujeres que a través de la gastronomía llevan a los comensales a otro nivel</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En el Pacífico nariñense, las mujeres son símbolo de trabajo, amor y tradición. Dos emprendedoras, Darlys Inés Orobio y Marcela García, unen sus saberes culinarios para ofrecer una experiencia gastronómica única en Tumaco.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Desde hace más de 300 años, las mujeres del Pacífico nariñense somos símbolo de trabajo, amor y tradición. Esos trascendentales valores son vitales en cada tumaqueña porque se constituyen en el motor que nos impulsa para trabajar y sacar adelante a nuestras familias”, expresó Darlys Inés Orobio quien desde el 2011 emprende a partir de la gastronomía tradicional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su iniciativa está relacionada con los platos típicos de ‘La Perla del Pacífico nariñense’ y tiene lugar en las playas de El Bajito. En su restaurante que entre los allegados de Darlys y sus vecinas es ampliamente conocido como ‘Sol y Mar – Mi Negra Linda’, propios y visitantes tienen la oportunidad de disfrutar desde las artesanales bebidas de plantas aromáticas, hasta los tradicionales camarones encocados.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">En este modesto lugar donde asegura que se combinan los más exquisitos sabores de la chiyangua o cilantro cimarrón, la albahaca y la menta, obtiene el sustento económico con el que ha formado académicamente a sus 3 hijos.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Me siento orgullosa de los resultados obtenidos hasta el momento, porque comprendo que la alegría que siento es el resulto de mi esfuerzo, dedicación y perseverancia. Si bien es cierto mis inicios fueron difíciles, entendí que mientras tengamos vida y salud todo es posible”, subrayó.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Su emprendimiento se constituye en referente para las demás mujeres que en El Bajito anhelan mejorar su calidad de vida.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Por eso en las diferentes reuniones comunitarias intercambiamos saberes para determinar cual es el emprendimiento que mejor se ajusta a las habilidades de cada una de ellas. Mientras algunas se inclinan por la transformación de las bolsas de plástico, otras muestran su interés por la conservación de los manglares o en la innovación de los platos de la cocina regional”, argumentó.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Marcela García quien desde hace más de 10 años consagró su vida a la gastronomía y desde ese entonces decidió recorrer diferentes lugares de Colombia y Venezuela para sacarle provecho a sus saberes culinarios, retornó a su querido y enamorador Tumaco para emprender de la mano de Darlys.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Los sabores que identifican a la cocina de las ciudades de Cali, Bogotá y desde luego de Isla Margarita, fueron las bendiciones que siempre me acompañaron en todos los proyectos gastronómicos que emprendí a lo largo de la travesía que hice entre Colombia y Venezuela”, destacó.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora que volvió a su terruño, junto a Darlys busca sorprender a los paladares más exigentes con los tradicionales aborrajados de pescado, sopa de lentejas con pescado ahumado, empanadas de jaiba y el infaltable pusandao.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Entre los postres y bebidas que más gustan a los comensales está el clásico jugo de borojó, el dulce de piña y el batido de aguacate. Con estos y otros productos elaborados con frutos de nuestra región innovamos en los platos y sabores de la región”, indicó.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Finalmente sostuvo que las mujeres unidas vencen todas las adversidades y que el intercambio de conocimientos las hace más sabias, humildes y emprendedoras.</p>
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		<title>Alfonso Lugo, el escultor del Llano</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 21 Jul 2025 18:06:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Alfonso Lugo]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Escultor colombiano]]></category>
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					<description><![CDATA[En Mesetas, Meta, sobrevive una leyenda viva de la cultura popular. Alfonso Lugo Garzón, de 83 años, guarda en sus manos la memoria del territorio: entre cuerdas, madera y secretos enterrados. Por aquellos caminos polvorientos que cruzan el Llano profundo, llegó Alfonso Lugo en los años 70. Atrás quedaban las montañas de Topaipí, Cundinamarca, su [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>En Mesetas, Meta, sobrevive una leyenda viva de la cultura popular. Alfonso Lugo Garzón, de 83 años, guarda en sus manos la memoria del territorio: entre cuerdas, madera y secretos enterrados.</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por aquellos caminos polvorientos que cruzan el Llano profundo, llegó Alfonso Lugo en los años 70. Atrás quedaban las montañas de Topaipí, Cundinamarca, su tierra natal. Adelante, la promesa de nuevos horizontes. Con su guitarra al hombro y el alma abierta, recaló en Puerto Lleras como jornalero de campo. Pero el trabajo nunca opacó su verdadero oficio: compartir la música.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“En ese municipio conocí a un niño que era invidente. Entonces le dije: ‘Muchacho, ¿quiere aprender a tocar guitarra?’ Ese niño, al mes, ya era un experto tocando y me acompañaba en las interpretaciones”, recuerda don Alfonso con una sonrisa que guarda décadas de melodías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí, el camino lo llevó hasta Mesetas. La vida lo puso a sacar oro con un viejo minero, pero fue el resguardo indígena Lucía el que le dejó huella: allí enseñó a jóvenes a tocar guitarra. “Eso fue más o menos por los años de 1984”, cuenta con la claridad de quien talla la memoria con la misma precisión que trabaja la madera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte siempre estuvo de su lado. Cuando la violencia arreció y tuvo que abandonar Mesetas, recaló en Fuentedeoro, donde por nueve años dedicó sus días al tallado de figuras en madera. Allí, en el silencio de su taller, encontró otra forma de expresión: figuras, rostros, aves y paisajes comenzaron a brotar de sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a sus 83 años, don Alfonso sigue empuñando el formón y la gubia con la misma alegría con la que rasgueaba su guitarra en las parrandas de antaño. Su historia está hecha de caminos recorridos a pie, de fiestas campesinas a la luz de la luna y de pasillos interpretados a medianoche, cuando los vecinos lo invitaban a cruzar dos o tres veredas solo para tocar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eran otros tiempos. Buenos tiempos. Uno se sabía todos los pasillos viejos. Tocábamos hasta el amanecer”, dice mientras sus ojos se pierden en los recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no solo en su memoria se guardan esas vivencias. Alfonso ha plasmado en madera lo que otros solo han escuchado en cuentos: mapas imaginarios de tesoros ocultos, relatos de oro enterrado por comunidades ancestrales, y figuras que narran lo que las palabras no alcanzan a decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su aporte a la cultura y la historia del municipio, la Casa de la Cultura de Mesetas le entregó un reconocimiento como gestor cultural. Pero él no se queda con los títulos. Sueña con transmitir lo que sabe, con enseñar a otros a interpretar los sonidos de la tierra y a tallar en madera los silencios del alma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy día, su taller sigue vivo. Allí, entre virutas de madera y guitarras viejas, late el corazón del Llano. Y allí está él, don Alfonso Lugo Garzón, tallando con paciencia su legado.</p>
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		<title>Mujeres valientes lideran la transformación de la yuca en Sucre</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 20 Jul 2025 15:59:51 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Empresas]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Montes de María]]></category>
		<category><![CDATA[OIM]]></category>
		<category><![CDATA[Sucre]]></category>
		<category><![CDATA[Tolu Viejo]]></category>
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					<description><![CDATA[El liderazgo femenino y campesino en Toluviejo impulsa una revolución agrícola desde el corazón de los Montes de María. ¡Es hora de que las autoridades fortalezcan esta cadena con infraestructura para almacenamiento y transformación! En la vereda La Siria, municipio de Toluviejo (Sucre), un grupo de agricultores —muchas de ellas mujeres— ha transformado su territorio [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>El liderazgo femenino y campesino en Toluviejo impulsa una revolución agrícola desde el corazón de los Montes de María. ¡Es hora de que las autoridades fortalezcan esta cadena con infraestructura para almacenamiento y transformación!</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En la vereda La Siria, municipio de Toluviejo (Sucre), un grupo de agricultores —muchas de ellas mujeres— ha transformado su territorio apostándole a la agricultura sostenible, el trabajo en equipo y la innovación. Carlos Márquez, uno de sus líderes, lo resume así: <em>“Para nosotros, el campo no es solo medio de vida, es vida misma”</em>. Y en esa vida, la yuca industrial se ha convertido en motor de cambio.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Gracias a la alianza <strong>“Cadena de Valor de Yuca Industrial en Municipios PDET de Sucre”</strong>, impulsada por organizaciones campesinas como Asoproyus (La Siria), Asoagrocaps (Colosó) y Amaralé (Chalán), y apoyada por la OIM, Almidones de Sucre y el Fondo Multidonante de la ONU, hoy florece una nueva economía en los Montes de María.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Mujeres que siembran transformación</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante 11 meses de ejecución, el proyecto ha fortalecido 48 hectáreas de policultivo, impulsado el relevo generacional, cerrado brechas de género y convertido a las mujeres en protagonistas. <em>“Somos mujeres valientes, echadas para adelante, y ya sabemos comercializar la yuca”</em>, dice Nayidis Murillo, de Asoproyus, dejando claro que el empoderamiento femenino es una realidad que se cultiva.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Innovación con raíces campesinas</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Uno de los grandes logros ha sido el <strong>contrato anticipado con Almidones de Sucre</strong>, que garantiza la venta de la cosecha incluso antes de sembrar. Esto no solo da seguridad económica, sino que fortalece la confianza y el acceso al crédito.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Además, el proyecto ha promovido buenas prácticas agrícolas con enfoque ambiental: menor uso de agroquímicos, combinación de cultivos como yuca, frijol, maíz y árboles nativos, y conservación de la biodiversidad.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>El llamado urgente: infraestructura para transformar</strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Este modelo de éxito merece continuidad. Pero para dar el siguiente paso, es fundamental contar con <strong>infraestructura para almacenar, transformar y conservar la yuca industrial</strong>, evitando pérdidas y aumentando el valor del producto.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong>Hacemos un llamado a las autoridades locales, departamentales y nacionales</strong>: estas comunidades ya demostraron que saben producir, organizarse y liderar. Ahora,</p>
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		<title>En cada volante, una oración: la Virgen del Carmen guía los caminos de Colombia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 18 Jul 2025 11:53:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Paz total]]></category>
		<category><![CDATA[Virgen del Carmen]]></category>
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					<description><![CDATA[Desde Pasto hasta los rincones más olvidados de la geografía nacional, los conductores celebraron con caravanas, música y devoción a su patrona, la Virgen del Carmen. La fe se mantiene intacta en cada arranque de motor y en cada regreso seguro a casa. Amaneció con rezos. En cada terminal, en cada esquina donde se toma [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Desde Pasto hasta los rincones más olvidados de la geografía nacional, los conductores celebraron con caravanas, música y devoción a su patrona, la Virgen del Carmen. La fe se mantiene intacta en cada arranque de motor y en cada regreso seguro a casa.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Amaneció con rezos. En cada terminal, en cada esquina donde se toma el primer tinto, se escuchó una plegaria corta, sencilla, pero cargada de esperanza: «Virgencita del Carmen, condúcenos con bien.» En Pasto, como en tantas otras ciudades del país, los conductores celebraron con orgullo y alegría la fiesta de su patrona, una tradición que se conserva como si el tiempo no pasara y que recuerda que, para quienes viven en la carretera, la fe también es una forma de dirección.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Las caravanas iniciaron desde temprano: buses adornados con globos, banderas y flores se desplazaron por las calles del sur hasta el centro de la ciudad. Algunos hacían sonar las bocinas como una forma de saludar al cielo, otros acompañaban el trayecto con música tradicional, y todos llevaban un mismo mensaje: gracias, Virgen del Carmen, por acompañar cada viaje.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Jhonny Olmedo Guerrero, con más de 20 años al volante, no necesitó micrófono para expresar lo que sentía: “Este oficio se convirtió en mi vida. La Virgen me ha cuidado en cada curva, en cada tormenta, en cada madrugada donde el cansancio aprieta pero uno sigue, porque sabe que hay gente esperándolo”. Y como Jhonny, más de 400 conductores en Pasto revivieron, por un día, el orgullo de un oficio que a veces se olvida, pero que nunca deja de ser vital.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Esta fiesta, que se celebra cada 16 de julio, no conoce fronteras. En Chocó, en Boyacá, en Antioquia y hasta en los pueblos polvorientos del Caribe, los conductores también detuvieron su jornada para rendir homenaje a su protectora. En parroquias humildes, en capillas improvisadas con lonas y sillas plásticas, se repitió el mismo ritual: una misa, una caravana, una canción, una vela encendida por los que se fueron y por los que aún siguen recorriendo las rutas del país.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Más allá de la celebración, este día es un acto de memoria. Es volver a creer, es agradecer por la vida prestada, por el trabajo digno y por los hijos que nos esperan en casa”, decía conmovida Mónica Enríquez, vocera de Autobuses del Sur, mientras repartía estampitas de la Virgen entre los conductores.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Porque en Colombia, donde muchas veces la vida parece una carretera sin señales, hay quienes encuentran en la fe una forma de no perderse. Y en cada espejo retrovisor cuelga una imagen de la Virgen del Carmen, no como un adorno, sino como un recordatorio silencioso de que alguien vela por ellos en medio del polvo, la lluvia o el calor del asfalto.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En esta fecha especial, Colombia entera se llenó de motores encendidos por la fe, bocinas que retumbaban como salmos y manos al volante que también saben persignarse. Porque donde va un conductor, va también una historia. Y en cada historia hay una mariposa que resiste, vuela y guía… incluso cuando el camino es cuesta arriba.</p>
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		<title>Cuidemos el cacay: el árbol que da vida a Lejanías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Jul 2025 00:01:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[Cacay]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Lejanias]]></category>
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					<description><![CDATA[El cacay, especie nativa de la Orinoquía, fue protagonista en un festival que llamó a protegerlo por su valor ambiental, ancestral y económico. En Lejanías, Meta, el cacay dejó de ser un árbol olvidado para convertirse en símbolo de esperanza, identidad y sostenibilidad. Campesinos, estudiantes, docentes y autoridades locales celebraron la tercera versión del Festival [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">El cacay, especie nativa de la Orinoquía, fue protagonista en un festival que llamó a protegerlo por su valor ambiental, ancestral y económico.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En Lejanías, Meta, el cacay dejó de ser un árbol olvidado para convertirse en símbolo de esperanza, identidad y sostenibilidad. Campesinos, estudiantes, docentes y autoridades locales celebraron la tercera versión del Festival Cultural y Ambiental del Árbol del Cacay, una jornada en la que se exaltó su historia, su fruto y el potencial transformador de su cultivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cacay (<em>Caryodendron orinocense</em>) es una especie nativa de la Orinoquía y la Amazonia colombiana, conocida por su nuez, de la cual se extrae un aceite rico en antioxidantes, usado tanto en cosmética como en alimentación. Esta semilla ancestral, que alguna vez estuvo al borde de desaparecer por desconocimiento y deforestación, hoy se recupera en viveros y siembras comunitarias como símbolo de resistencia campesina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luis Carlos Fernández, presidente de Asprocacay, resaltó que 26 familias viven hoy del cultivo y transformación del cacay, pero que para asegurar su futuro deben sembrarse más árboles y formar a las nuevas generaciones. “Esto es sostenibilidad alimentaria y económica. Si no protegemos el árbol, perdemos más que una especie: perdemos parte de nuestra historia y futuro”, afirmó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el festival, los asistentes participaron en concursos de cuentos, talleres de cocina con cacay, muestras culturales y conversatorios académicos. Erick Vladimir Velazco, rector de la IE Gabriela Mistral, recordó que los colonos usaban su almendra para preparar alimentos y que, además, “el cacay capta más dióxido de carbono que otros árboles de la región, siendo un pulmón viviente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alcaldía de Lejanías y organizaciones campesinas como Asprocacay hicieron un llamado a valorar y proteger el cacay no solo como fuente de ingresos, sino como aliado para la conservación ambiental. En una región golpeada por la deforestación, el cacay representa una oportunidad para sembrar vida, cuidar la tierra y construir un modelo de desarrollo con raíces profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, el árbol del cacay pide ser respetado y multiplicado. Su sombra ancestral, su fruto generoso y su poder regenerador son una invitación urgente: cuidar el bosque es cuidar la vida.</p>
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		<title>Del desarraigo al papel: un campesino escribe su verdad en medio del olvido</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Jun 2025 16:22:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
		<category><![CDATA[COLOMBIA PROFUNDA]]></category>
		<category><![CDATA[Enrique Orozco Gutiérrez]]></category>
		<category><![CDATA[La Paz]]></category>
		<category><![CDATA[Paz total]]></category>
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					<description><![CDATA[Entre el dolor del pasado y la esperanza de sanar, Enrique Orozco convirtió su historia de desplazamiento en una obra que clama por memoria y reconciliación. En una casa modesta, abrazada por la carretera polvorienta que une a La Paz con Valledupar, vive Enrique Orozco Gutiérrez, un hombre de manos curtidas y palabras limpias. Su [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Entre el dolor del pasado y la esperanza de sanar, Enrique Orozco convirtió su historia de desplazamiento en una obra que clama por memoria y reconciliación.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En una casa modesta, abrazada por la carretera polvorienta que une a La Paz con Valledupar, vive Enrique Orozco Gutiérrez, un hombre de manos curtidas y palabras limpias. Su voz carga cicatrices y también versos. Fue desplazado en el año 2000, cuando la guerra lo expulsó de su vereda en la Serranía del Perijá, dejándole atrás lo que más amaba: su tierra, su finca, su rutina campesina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La violencia, esa que no distingue edades ni esperanzas, lo obligó a cruzar con su familia la frontera invisible entre la vida y el miedo. Pero en ese destierro, Enrique encontró algo que nadie le pudo arrebatar: la memoria. Y con ella, escribió <em>Desplazados</em>, un libro de 74 páginas que relata —con nombre ficticio, pero con verdad intacta— la tragedia y dignidad de quienes huyeron para no morir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La voz de Enrique es la de miles. “Nelson Mora”, el personaje que creó para protegerse, encarna la ilusión de volver al campo, el anhelo de cultivar algo más que miedo. En sus letras se dibujan los caminos que recorría entre cultivos, el sueño de liderar su comunidad, y la absurda condena de ser acusado por ambos bandos de colaborar con el enemigo. En ese fuego cruzado, no quedó más opción que huir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, cada vez que relee su libro, Enrique llora. No por debilidad, sino porque sigue sintiendo el temblor de aquella madrugada en la que dejó todo atrás. Con cada párrafo revive el sonido de las botas, el crujir de la maleza, el silencio de la selva cómplice. Y también la fuerza de un hombre que decidió que su historia no se callaba más.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Desde su refugio literario, Enrique clama por una Colombia que no repita su historia. Su obra no busca fama, sino consciencia. Es un recordatorio de que la guerra dejó cicatrices vivas, y que narrarlas es también resistir. En cada página, hay un llamado: que nadie olvide, que nadie repita, que la paz no se nos escape entre las manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, entre libros y recuerdos, Enrique sigue sembrando. No maíz ni yuca, sino palabras. Palabras que germinan en memoria, y memoria que florece en justicia. Porque aunque lo despojaron de la tierra, nunca le pudieron quitar su voz.</p>
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