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	<title>Meta &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
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		<title>Alfonso Lugo, el escultor del Llano</title>
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		<pubDate>Mon, 21 Jul 2025 18:06:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
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					<description><![CDATA[En Mesetas, Meta, sobrevive una leyenda viva de la cultura popular. Alfonso Lugo Garzón, de 83 años, guarda en sus manos la memoria del territorio: entre cuerdas, madera y secretos enterrados. Por aquellos caminos polvorientos que cruzan el Llano profundo, llegó Alfonso Lugo en los años 70. Atrás quedaban las montañas de Topaipí, Cundinamarca, su [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph"><strong>En Mesetas, Meta, sobrevive una leyenda viva de la cultura popular. Alfonso Lugo Garzón, de 83 años, guarda en sus manos la memoria del territorio: entre cuerdas, madera y secretos enterrados.</strong></p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Por aquellos caminos polvorientos que cruzan el Llano profundo, llegó Alfonso Lugo en los años 70. Atrás quedaban las montañas de Topaipí, Cundinamarca, su tierra natal. Adelante, la promesa de nuevos horizontes. Con su guitarra al hombro y el alma abierta, recaló en Puerto Lleras como jornalero de campo. Pero el trabajo nunca opacó su verdadero oficio: compartir la música.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“En ese municipio conocí a un niño que era invidente. Entonces le dije: ‘Muchacho, ¿quiere aprender a tocar guitarra?’ Ese niño, al mes, ya era un experto tocando y me acompañaba en las interpretaciones”, recuerda don Alfonso con una sonrisa que guarda décadas de melodías.</p>



<p class="wp-block-paragraph">De allí, el camino lo llevó hasta Mesetas. La vida lo puso a sacar oro con un viejo minero, pero fue el resguardo indígena Lucía el que le dejó huella: allí enseñó a jóvenes a tocar guitarra. “Eso fue más o menos por los años de 1984”, cuenta con la claridad de quien talla la memoria con la misma precisión que trabaja la madera.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El arte siempre estuvo de su lado. Cuando la violencia arreció y tuvo que abandonar Mesetas, recaló en Fuentedeoro, donde por nueve años dedicó sus días al tallado de figuras en madera. Allí, en el silencio de su taller, encontró otra forma de expresión: figuras, rostros, aves y paisajes comenzaron a brotar de sus manos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, a sus 83 años, don Alfonso sigue empuñando el formón y la gubia con la misma alegría con la que rasgueaba su guitarra en las parrandas de antaño. Su historia está hecha de caminos recorridos a pie, de fiestas campesinas a la luz de la luna y de pasillos interpretados a medianoche, cuando los vecinos lo invitaban a cruzar dos o tres veredas solo para tocar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Eran otros tiempos. Buenos tiempos. Uno se sabía todos los pasillos viejos. Tocábamos hasta el amanecer”, dice mientras sus ojos se pierden en los recuerdos.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero no solo en su memoria se guardan esas vivencias. Alfonso ha plasmado en madera lo que otros solo han escuchado en cuentos: mapas imaginarios de tesoros ocultos, relatos de oro enterrado por comunidades ancestrales, y figuras que narran lo que las palabras no alcanzan a decir.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por su aporte a la cultura y la historia del municipio, la Casa de la Cultura de Mesetas le entregó un reconocimiento como gestor cultural. Pero él no se queda con los títulos. Sueña con transmitir lo que sabe, con enseñar a otros a interpretar los sonidos de la tierra y a tallar en madera los silencios del alma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy día, su taller sigue vivo. Allí, entre virutas de madera y guitarras viejas, late el corazón del Llano. Y allí está él, don Alfonso Lugo Garzón, tallando con paciencia su legado.</p>
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		<title>Cuidemos el cacay: el árbol que da vida a Lejanías</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 10 Jul 2025 00:01:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Cultura]]></category>
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					<description><![CDATA[El cacay, especie nativa de la Orinoquía, fue protagonista en un festival que llamó a protegerlo por su valor ambiental, ancestral y económico. En Lejanías, Meta, el cacay dejó de ser un árbol olvidado para convertirse en símbolo de esperanza, identidad y sostenibilidad. Campesinos, estudiantes, docentes y autoridades locales celebraron la tercera versión del Festival [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">El cacay, especie nativa de la Orinoquía, fue protagonista en un festival que llamó a protegerlo por su valor ambiental, ancestral y económico.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">En Lejanías, Meta, el cacay dejó de ser un árbol olvidado para convertirse en símbolo de esperanza, identidad y sostenibilidad. Campesinos, estudiantes, docentes y autoridades locales celebraron la tercera versión del Festival Cultural y Ambiental del Árbol del Cacay, una jornada en la que se exaltó su historia, su fruto y el potencial transformador de su cultivo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El cacay (<em>Caryodendron orinocense</em>) es una especie nativa de la Orinoquía y la Amazonia colombiana, conocida por su nuez, de la cual se extrae un aceite rico en antioxidantes, usado tanto en cosmética como en alimentación. Esta semilla ancestral, que alguna vez estuvo al borde de desaparecer por desconocimiento y deforestación, hoy se recupera en viveros y siembras comunitarias como símbolo de resistencia campesina.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Luis Carlos Fernández, presidente de Asprocacay, resaltó que 26 familias viven hoy del cultivo y transformación del cacay, pero que para asegurar su futuro deben sembrarse más árboles y formar a las nuevas generaciones. “Esto es sostenibilidad alimentaria y económica. Si no protegemos el árbol, perdemos más que una especie: perdemos parte de nuestra historia y futuro”, afirmó.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Durante el festival, los asistentes participaron en concursos de cuentos, talleres de cocina con cacay, muestras culturales y conversatorios académicos. Erick Vladimir Velazco, rector de la IE Gabriela Mistral, recordó que los colonos usaban su almendra para preparar alimentos y que, además, “el cacay capta más dióxido de carbono que otros árboles de la región, siendo un pulmón viviente”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La alcaldía de Lejanías y organizaciones campesinas como Asprocacay hicieron un llamado a valorar y proteger el cacay no solo como fuente de ingresos, sino como aliado para la conservación ambiental. En una región golpeada por la deforestación, el cacay representa una oportunidad para sembrar vida, cuidar la tierra y construir un modelo de desarrollo con raíces profundas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hoy, el árbol del cacay pide ser respetado y multiplicado. Su sombra ancestral, su fruto generoso y su poder regenerador son una invitación urgente: cuidar el bosque es cuidar la vida.</p>
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