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	<title>Navidad &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
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		<title>Vamos a brindar por el ausente</title>
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		<pubDate>Sat, 16 May 2026 15:15:27 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[Para muchas familias colombianas, diciembre no solo trae luces, regalos y encuentros. También despierta silencios, nostalgias y la ausencia profunda de quienes ya no están. Aprender a vivir estas “nuevas navidades” es también una forma de honrar el amor que permanece. Por Óscar Viña Pardo La Navidad tiene dos rostros. Uno iluminado por las luces, [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Para muchas familias colombianas, diciembre no solo trae luces, regalos y encuentros. También despierta silencios, nostalgias y la ausencia profunda de quienes ya no están. Aprender a vivir estas “nuevas navidades” es también una forma de honrar el amor que permanece.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph"><em>Por Óscar Viña Pardo</em></p>



<p class="wp-block-paragraph">La Navidad tiene dos rostros. Uno iluminado por las luces, las canciones, los abrazos y las cenas familiares; y otro más silencioso, íntimo y doloroso, que aparece cuando una silla queda vacía en la mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras unos celebran entre risas y brindis, otros intentan sobrevivir emocionalmente a diciembre recordando a quienes partieron. Hay ausencias que pesan más en estas fechas. Ausencias que regresan con fuerza cuando suena una canción, cuando llega la medianoche o cuando el aroma de una receta familiar revive recuerdos imposibles de borrar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Para muchas personas, la Navidad se convierte en una batalla interna entre la necesidad de seguir adelante y el dolor profundo de no tener cerca a ese ser amado. Algunos lloran en silencio. Otros aparentan fortaleza. Algunos prefieren evitar las reuniones familiares, mientras otros hacen chistes o buscan distraerse para no enfrentarse al vacío emocional que deja la muerte. Cada duelo tiene su propio lenguaje.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>En mi familia entendimos esa realidad hace ya varios años.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Era un 15 de diciembre cuando recibimos en Bogotá la noticia que cambiaría nuestra historia para siempre. Mi hermano mayor,&nbsp;Luis Arturo Viña Pardo, quien apenas cinco días antes había celebrado sus 40 años, murió víctima de un atentado en el Cañón del Combeima. Un artefacto explosivo dirigido contra la Policía terminó arrebatándole la vida a dos personas que simplemente pasaban por el lugar equivocado en el instante equivocado.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Desde entonces, diciembre nunca volvió a ser igual.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Mi madre aprendió a convivir con ese dolor de manera silenciosa. Nunca fue de grandes discursos sobre la tristeza. Ella repetía constantemente que a los muertos había que recordarlos en sus mejores momentos, sonriendo, viviendo y dejando huella. Y quizá tenía razón. Porque el verdadero amor no desaparece con la muerte; simplemente cambia de forma.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Ahora, con la ausencia de ella también, las navidades se han convertido en un ejercicio emocional distinto. Ya no se trata únicamente de celebrar. Se trata de honrar. De recordar. De agradecer. De entender que quienes amamos siguen habitando en nuestras historias, en nuestras palabras y en esos pequeños rituales familiares que sobreviven al tiempo.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">La psicoterapeuta familiar&nbsp;Mónica Gonzalo Caballero&nbsp;explica que durante estas fechas muchas personas experimentan sentimientos de culpa por intentar disfrutar la Navidad después de perder a un ser querido. Algunas incluso sienten que reír o celebrar puede interpretarse como una traición emocional hacia quien ya no está.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Pero el duelo no debería obligarnos a dejar de vivir.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Aprender a convivir con la ausencia también implica permitirnos seguir construyendo momentos felices. No porque olvidemos, sino precisamente porque recordamos con amor.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso los especialistas recomiendan planificar estas fechas sin exigencias emocionales excesivas. Entender que habrá momentos de nostalgia, lágrimas y cansancio emocional. Y aceptar que no todos viven el duelo de la misma manera.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay quienes necesitan hablar constantemente del familiar fallecido. Otros prefieren guardar silencio. Algunos sienten alivio al mirar fotografías y escuchar canciones; otros todavía no logran hacerlo sin quebrarse emocionalmente. Ninguna reacción es incorrecta.</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>El duelo no tiene un manual universal.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Quizá una de las recomendaciones más hermosas sea crear nuevos rituales familiares. Encender una vela en honor a quien partió, preparar su comida favorita, compartir anécdotas, escuchar aquella canción que tanto disfrutaba o simplemente brindar en su nombre. Pequeños actos simbólicos que permiten transformar el dolor en memoria amorosa.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Porque mientras alguien siga siendo recordado, jamás desaparecerá del todo.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">También es importante permitirnos recibir ayuda. Muchas veces creemos que debemos cargar solos con la tristeza, cuando precisamente el amor de quienes permanecen cerca puede convertirse en refugio emocional. Hablar, caminar, llorar o simplemente guardar silencio acompañados también sana.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph"><strong><em>Y si hay niños en casa, el desafío emocional es todavía mayor.</em></strong></p>



<p class="wp-block-paragraph">Los pequeños viven el duelo desde preguntas simples, pero profundamente honestas. Necesitan sentirse escuchados, comprendidos y acompañados. Los expertos recomiendan hablarles con claridad, sin esconder la realidad de la muerte, pero adaptando las explicaciones a su edad y madurez emocional.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Incluirlos en los rituales familiares también resulta importante. Permitirles expresar cómo quieren recordar a esa persona ausente les ayuda a sentirse parte activa del proceso emocional de la familia.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Lo cierto es que después de una pérdida importante las navidades jamás vuelven a ser iguales. Son, como bien lo explica la psicoterapeuta, “nuevas navidades”. Diferentes, sí. Pero no necesariamente peores.&nbsp;</p>



<p class="wp-block-paragraph">Tal vez la vida nos obliga entonces a comprender algo profundamente humano: el amor no termina cuando alguien muere. El amor se transforma en recuerdo, en enseñanza, en gratitud y en esa necesidad infinita de seguir pronunciando su nombre alrededor de la mesa.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso esta Navidad, más allá de los regalos y las celebraciones, quizás también debamos levantar una copa por quienes ya no están físicamente con nosotros.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Brindar por sus risas.<br>Por sus historias.<br>Por sus enseñanzas.<br>Por todo aquello que dejaron sembrado en nuestra vida.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y entender que, aunque el corazón aprenda a convivir con la ausencia, hay personas que jamás dejan realmente de acompañarnos.</p>



<p class="wp-block-paragraph"></p>
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