<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>PETRO &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
	<atom:link href="https://oscarvinapardo.com/etiqueta/petro/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://oscarvinapardo.com</link>
	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
	<lastBuildDate>Wed, 28 May 2025 17:39:22 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=7.0.4</generator>

<image>
	<url>https://oscarvinapardo.com/wp-content/uploads/2023/08/cropped-logo-pp-2-32x32.jpg</url>
	<title>PETRO &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
	<link>https://oscarvinapardo.com</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Puerto Nariño: donde los delfines rosados saltan entre mariposas amarillas</title>
		<link>https://oscarvinapardo.com/puerto-narino-donde-los-delfines-rosados-saltan-entre-mariposas-amarillas/</link>
					<comments>https://oscarvinapardo.com/puerto-narino-donde-los-delfines-rosados-saltan-entre-mariposas-amarillas/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 28 May 2025 17:39:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gamificación]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[DELFINES ROSADOS]]></category>
		<category><![CDATA[Paz total]]></category>
		<category><![CDATA[PDET]]></category>
		<category><![CDATA[PETRO]]></category>
		<category><![CDATA[PUERTO NARIÑO]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://oscarvinapardo.com/?p=5216</guid>

					<description><![CDATA[En este rincón del Amazonas colombiano, la selva canta, los motores callan y los delfines bailan con las mariposas de los sueños. A Puerto Nariño no se llega, se arriba. Como si uno hubiera sido invitado por la selva misma, por el murmullo de los árboles que hablan en lenguas indígenas y por las mariposas [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En este rincón del Amazonas colombiano, la selva canta, los motores callan y los delfines bailan con las mariposas de los sueños.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">A Puerto Nariño no se llega, se arriba. Como si uno hubiera sido invitado por la selva misma, por el murmullo de los árboles que hablan en lenguas indígenas y por las mariposas amarillas que, como presagio de realismo mágico, revolotean entre los turistas que bajan del bote con los ojos más abiertos que el corazón. No hay carros, ni motos, ni bocinas. Solo los pasos suaves de quienes caminan sobre la tierra como si no quisieran despertarla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Dicen los más viejos que los delfines rosados del Amazonas se asoman cuando la selva está feliz. Y en Puerto Nariño se les ve danzar al amanecer, deslizándose por el río como si fueran parte de un sueño húmedo que dejó García Márquez entre los árboles. Las aguas del Amazonas guardan secretos, y entre ellos, la sonrisa de un delfín que salta justo cuando una mariposa amarilla le pasa rozando la nariz.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los niños ticunas, cocamas y yaguas aprenden a nadar antes que a caminar. Son los guardianes del pesebre natural de Colombia, el primer municipio con certificación ambiental del país. Habitan sin prisa entre casas de madera elevada, cultivan y pescan con respeto, y saludan al visitante como si lo conocieran de una vida pasada. Aquí, el progreso no hace ruido, camina descalzo y sabe escuchar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">A dos horas de Leticia y 45 minutos de Perú, Puerto Nariño no necesita semáforos. Su único tránsito es el del viento que cruza por las hojas del plátano, el aroma a cacao recién tostado, y el canto de un chamán que invoca a los espíritus del río. En vez de bocinas, aquí suena la flauta de carrizo y las carcajadas de los niños que siguen mariposas como si fueran cometas bajadas del cielo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Cada tarde, los turistas —la mayoría extranjeros— se quedan en silencio cuando los delfines aparecen. Rosados, escurridizos, brillan bajo el sol como si tuvieran luz propia. Y justo en ese instante, cuando el río se vuelve espejo del cielo, una mariposa amarilla cruza el horizonte como si viniera a recordarnos que el mundo, a veces, también es un cuento.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Puerto Nariño no es un lugar para visitar, es un lugar para quedarse en el alma. Porque allá, en lo profundo del Amazonas, entre la selva que respira y los delfines que ríen, el tiempo se detiene… y vuelan mariposas.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://oscarvinapardo.com/puerto-narino-donde-los-delfines-rosados-saltan-entre-mariposas-amarillas/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Entre la ley del monte y el olvido del Estado</title>
		<link>https://oscarvinapardo.com/entre-la-ley-del-monte-y-el-olvido-del-estado/</link>
					<comments>https://oscarvinapardo.com/entre-la-ley-del-monte-y-el-olvido-del-estado/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 16 May 2025 13:14:46 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gamificación]]></category>
		<category><![CDATA[alias Morocha]]></category>
		<category><![CDATA[Caquetá]]></category>
		<category><![CDATA[FARC]]></category>
		<category><![CDATA[Paz total]]></category>
		<category><![CDATA[PDET]]></category>
		<category><![CDATA[PETRO]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://oscarvinapardo.com/?p=5119</guid>

					<description><![CDATA[En las veredas del Caquetá, cuidar la tierra puede costar la vida. Mientras campesinos intentan mantener sus huertas y proteger la Amazonía, un actor armado ilegal impone su ley a través de audios que revelan cómo el silencio se convierte en mecanismo de control. La estructura Rodrigo Cadete, perteneciente a las disidencias de las FARC [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<blockquote class="wp-block-quote is-layout-flow wp-block-quote-is-layout-flow">
<p class="wp-block-paragraph">En las veredas del Caquetá, cuidar la tierra puede costar la vida. Mientras campesinos intentan mantener sus huertas y proteger la Amazonía, un actor armado ilegal impone su ley a través de audios que revelan cómo el silencio se convierte en mecanismo de control.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">La estructura Rodrigo Cadete, perteneciente a las disidencias de las FARC conocidas como &#8216;Calarcá&#8217;, sigue imponiendo reglas estrictas a las comunidades rurales del Arco Amazónico. En grabaciones en poder de <a href="https://caracol.com.co/2025/05/14/disidencias-imponen-control-social-y-economico-en-zonas-rurales-de-caqueta-segun-audios-revelados/">Caracol Radio</a>, se escucha cómo Diana Milena Agudelo Salazar, alias Morocha —hermana de Urías Perdomo, uno de los cabecillas del grupo— dicta órdenes que van desde la siembra obligatoria de huertas hasta el pago de multas por no cumplir con estas tareas.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Si en este momento hay compañeros que no están de acuerdo con esas tareas que se están desarrollando, pues entonces déjeme decirle que nosotros lo invitamos a que venda y se vaya (…) No podemos tener gente desordenada ni en las veredas, ni en las comunidades, ni mucho menos en el territorio”, dice la voz de Morocha en uno de los audios.</p>



<p class="wp-block-paragraph">La amenaza no es simbólica. Los campesinos que no siguen el “manual de convivencia” redactado por la disidencia enfrentan sanciones económicas, expulsiones forzadas o represalias que nunca se explican, pero que todos conocen.&nbsp;En otro fragmento, Morocha exige el pago inmediato de una multa:</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Tienen ocho días y desembolsen lo que les corresponde por multa por no hacer las tareas (…) No todos pueden sembrar dos, tres matas de cebolla y decir que ya tienen huerta. No hagan eso”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Los campesinos, solos</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras esto ocurre, la presencia estatal sigue siendo apenas una promesa. Autoridades civiles y militares parecen ausentes frente a una situación que no solo atenta contra los derechos humanos, sino que desmantela poco a poco la autonomía campesina, esa que se resiste entre la coca y la selva a ser doblegada.</p>



<p class="wp-block-paragraph">“Las comunidades están completamente solas”, señala un líder campesino que pidió no revelar su identidad. “No hay institucionalidad que respalde nuestros procesos agrícolas, mucho menos seguridad. Solo llegan a prometer, pero los que están aquí todo el tiempo son ellos —las disidencias— imponiendo normas, tareas, cobros, miedo”.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En medio del diálogo roto y el fuego abierto</p>



<p class="wp-block-paragraph">El contexto político no ayuda. Aunque el gobierno del presidente Gustavo Petro mantiene una mesa de diálogo con las disidencias de Calarcá, esta estructura armada se dividió en facciones, y la liderada por alias Iván Mordisco se levantó de la mesa hace semanas. A esto se suma que el recién nombrado ministro de Defensa, Pedro Sánchez, decidió no prorrogar el cese al fuego bilateral. Las disidencias ahora tienen un mes para concentrarse en zonas específicas, aunque la realidad en campo demuestra que el control territorial ya es suyo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">¿Dónde están las autoridades?</p>



<p class="wp-block-paragraph">La historia narrada por Caracol Radio exige una respuesta urgente de las autoridades nacionales y regionales. No se trata solo de combatir la presencia armada, sino de garantizar condiciones dignas para los campesinos: inversión real en proyectos agrícolas, seguridad territorial, acompañamiento institucional y presencia estatal permanente.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Mientras tanto, en las sabanas del Yarí, en pleno corazón del Caquetá, los campesinos siguen trabajando su tierra, obligados a sembrar, no por la esperanza de una cosecha libre, sino por miedo a desobedecer la ley del monte.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://oscarvinapardo.com/entre-la-ley-del-monte-y-el-olvido-del-estado/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El sancocho, el plato rey en toda Colombia</title>
		<link>https://oscarvinapardo.com/el-sancocho-el-plato-rey-en-toda-colombia/</link>
					<comments>https://oscarvinapardo.com/el-sancocho-el-plato-rey-en-toda-colombia/#respond</comments>
		
		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 12 May 2025 21:07:08 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Gastronomía]]></category>
		<category><![CDATA[Colombia]]></category>
		<category><![CDATA[PETRO]]></category>
		<category><![CDATA[Región Andina]]></category>
		<category><![CDATA[Región Caribe]]></category>
		<category><![CDATA[Región Pacífica]]></category>
		<category><![CDATA[Sancocho]]></category>
		<category><![CDATA[Uribe]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://oscarvinapardo.com/?p=5081</guid>

					<description><![CDATA[En Colombia, hay un plato que no necesita presentación. Puede servirse en plato hondo, en totuma o incluso en vaso grande para llevar. Se trata del sancocho, ese caldo espeso y generoso que logra unir a la familia, revivir al que está enguayabado o llenar de alegría una olla en medio del paseo de olla. [&#8230;]]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<ul class="wp-block-list">
<li>Colombia es un país rico en materia gastronómica, y muchos son los platos tradicionales en todos los territorios, como los fríjoles, el sudado o el tamal. Pero el que manda la parada siempre será el sancocho.</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">En Colombia, hay un plato que no necesita presentación. Puede servirse en plato hondo, en totuma o incluso en vaso grande para llevar. Se trata del sancocho, ese caldo espeso y generoso que logra unir a la familia, revivir al que está enguayabado o llenar de alegría una olla en medio del paseo de olla.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sancocho no tiene una sola versión. Hay de gallina, de pollo, de costilla, de carne de res, de cerdo y hasta de pescado en las zonas costeras. Pero hay uno que hace historia: el trifásico. Este lleva de todo un poco y se convierte en el festín perfecto para el almuerzo de domingo.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En muchas regiones del país, el sancocho es casi una institución. En el Valle del Cauca lo preparan con plátano verde, yuca y mazorca, y lo acompañan con arroz blanco y ají. En Antioquia, el sancocho de res suele ir con papa y cilantro cimarrón. Y en la Costa Caribe, el de pescado es infaltable, con su sabor a mar y a tradición.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Pero si hay un sancocho universal, ese es el de pollo. Su aroma es el de la casa materna, del almuerzo familiar, del reencuentro. Se cocina lento, con papa, arracacha, yuca, plátano verde y mucho amor. Un pedazo de aguacate y una porción de arroz blanco no pueden faltar para completar el cuadro.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sancocho no solo se come, se celebra. En cada cucharada hay historia, memoria, territorio. Y aunque se cocina diferente en cada zona del país, el resultado siempre es el mismo: satisfacción, alegría y barriga llena.</p>



<p class="wp-block-paragraph">En los paseos de río o en las reuniones familiares, el sancocho es el primer invitado. Se hace en olla grande, con leña, rodeado de conversación, risas, cuentos y cervezas. Desde el momento en que se pelan los plátanos hasta que se reparte la última porción, es una ceremonia popular.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Hay quienes dicen que el sancocho cura el alma. Que no hay tristeza que no se calme con una buena porción. Incluso, en medio de la resaca, es el único plato que realmente revive. Y es que tiene lo que ningún otro: calor, sabor y la capacidad de abrazar.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El trifásico, por su parte, es para días de lujo. Lleva pollo, carne y cerdo. Es un plato cargado, sabroso, perfecto para cuando hay invitados especiales o simplemente se quiere botar la casa por la ventana. Se sirve humeante, generoso, con todos los acompañantes posibles.</p>



<p class="wp-block-paragraph">El sancocho es tan amado que hay festivales enteros dedicados a él. En varios municipios del país se premian las mejores ollas, se hacen concursos de sabor y se celebran las recetas de abuelas que llevan décadas alimentando generaciones.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Y aunque haya nuevos platos, modas gastronómicas o cocinas de autor, el sancocho sigue ahí, intacto, defendiendo su lugar como rey de la mesa colombiana. No hay quien se resista a su sabor ni a su promesa de abundancia.</p>



<p class="wp-block-paragraph">Por eso, donde haya una olla llena de sancocho, hay patria. Hay hogar, hay tierra, hay Colombia. Porque más que un plato, el sancocho es un símbolo nacional, una forma de compartir y de decir: aquí estamos, juntos, alrededor de la sopa.</p>
]]></content:encoded>
					
					<wfw:commentRss>https://oscarvinapardo.com/el-sancocho-el-plato-rey-en-toda-colombia/feed/</wfw:commentRss>
			<slash:comments>0</slash:comments>
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
