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	<title>Ubaldo Manuel Diaz &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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	<description>Cuando el autoperdon es parte de esa columna vertebral para trascender</description>
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	<title>Ubaldo Manuel Diaz &#8211; Oscar Vina Pardo</title>
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		<title>Las rezanderas de La Mojana</title>
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		<dc:creator><![CDATA[vocesadmin]]></dc:creator>
		<pubDate>Sun, 10 Aug 2025 14:26:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Crónicas]]></category>
		<category><![CDATA[Angelica regina Reales]]></category>
		<category><![CDATA[La mojana]]></category>
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					<description><![CDATA[Angélica Regina Reales una de las últimas rezanderas de La Mojana estárecostada a un taburete y desde allí casi que en forma robótica alarga un brazo yesparce granos a un enjambre de pollos que enardecidos corren hacia ella, lashambrientas aves se arremolinan a su alrededor y cacarean de maneraensordecedora. Por Por Ubaldo Manuel Díaz. Angelica [&#8230;]]]></description>
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<p class="wp-block-paragraph">Angélica Regina Reales una de las últimas rezanderas de La Mojana está<br>recostada a un taburete y desde allí casi que en forma robótica alarga un brazo y<br>esparce granos a un enjambre de pollos que enardecidos corren hacia ella, las<br>hambrientas aves se arremolinan a su alrededor y cacarean de manera<br>ensordecedora. Por Por Ubaldo Manuel Díaz.</p>
</blockquote>



<p class="wp-block-paragraph">Angelica Regina esta inquieta, desde hace varios días no ha parado de llover en la<br>región de La Mojana. Una leve llovizna se desgaja sobre el horizonte. Un hombre<br>de rasgos aindiado y piel de ébano se acerca y le susurra al oído que el chorro de<br>“caregato” se ha roto nuevamente. Anochece, la humilde mujer se levanta y reúne<br>a los animales emitiendo un sonido gutural parecido a una canción de cuna, sabe<br>que la inundación en toda la región es inminente, el desastre que se avecina es<br>inevitable. Indignada esboza una tímida sonrisa que deja ver un canino<br>ennegrecido por la nicotina y se despacha en contra de los contratistas que desde<br>hace varios años no han podido cerrar “caregato” : “a ese choro le han metido un<br>infierno de plata y toda se la han robado”, el hombre de rasgos indígenas le<br>escucha en silencio sosteniendo un raído sombrero sobre una de sus manos y ve<br>caer la lluvia por una desencajada ventana como Isabel viendo llover en Macondo.<br>El pequeño diluvio continúa, las primeras gotas acribillan sin piedad las viejas<br>láminas de zinc. Regina permanece de espaldas escuchando el crepitar de la<br>lluvia enfundada en un vestido luctuoso que le cubre hasta los tobillos<br>canturreando uno de los cien réquiems en latín, ofrecido hoy por la conversión de<br>los ladrones de “caregato” y las benditas almas del purgatorio, esta sencilla mujer<br>nunca ha leído el catecismo de la Iglesia Católica o la Divina Comedia de Dante<br>donde ocurren los episodios del más allá y del más acá: cielo, purgatorio e inferno,<br>esto no le impide preparar meticulosamente su arsenal para la batalla de esta<br>noche, según cuenta, está noche rezará nueve rosarios por el eterno descanso de<br>los fieles difuntos y los pillos del chorro de “caregato”, mientras prepara sus<br>armas( agua bendita, rosarios, crucifijos)…</p>



<p class="wp-block-paragraph">Se escucha en silencio el sonido de una corredera, el “tic tac” de la tapa de un<br>frasco al cerrar, en el bolso o talega que ha alistado, guarda celosamente como<br>tesoro algunas chucherías, saca y enseña varias novenas envejecidas y escritas<br>en latín: “esta me la regaló el obispo tal”- sigue sacando &#8211; esta me la dio el<br>sacerdote tal… “anima bendita”- y se hace un santiamén en su arrugada frente;<br>como en una caja de pandora sigue sacando ininterrumpidamente estampas de<br>vírgenes, novenas a santos y finalmente la imagen sonriente de Francisco el<br>hombre enfundado en una sotana blanca, meditando por los marmóreos y fríos<br>pasillos del vaticano. Con la talega terciada a su espalda de monja medieval se<br>sube a la parrilla de una moto que es escoltada por otra y se pierden en la<br>distancia en medio de la oscuridad.<br>Sobre una rustica mesa cubierta con un lienzo blanco, dos cirios encendidos<br>crepitan ante la invasión de los primeros insectos, en esta apartada población de<br>La Mojana bolivarense, despensa hídrica de Colombia, “el país de las aguas”<br>como hermosamente la definió el poeta Isidro Álvarez, por el abandono estatal<br>sus habitantes viven anclados en el siglo XIX, la luz voltaica no ha llegado a<br>algunos de esos lugares, existe la historia casi que sacada del realismo mágico, la<br>de un niño que no conocía el hielo. En el ambiente se percibe un penetrante olor a<br>flores, a perfume barato, a incienso, huele a muerto; un grupo de personas se<br>acerca silenciosamente al improvisado altar, – un niño adornado por un<br>desgastado roquete, regalo del legendario padre Menco, ministro de Dios en la<br>tierra, que llegó a la población de Sucre – Sucre en el meridiano de su existencia<br>para estar seis meses y se quedó treinta y tres años.<br>Esta población a pesar del aislamiento y abandono a la que ha sido sometida<br>durante décadas, viven las personas más felices del mundo. El niño del<br>desgastado sobrepelliz entra solemnemente en escena, pregona y repica una<br>campanita &#8211; “a rezar” a “rezar”- Angélica Regina con una inclinación lo hace pasar<br>aguardándolo sentada en la silla principal parecida a un trono, desde ahí con<br>ademan de pontífice y camándula en mano hace un gesto teatral. -Silencio &#8211;<br>Cierra los ojos y como si se estuviera comunicando con el más allá comienza la<br>primera jaculatoria en latín: Regina Coeli (reina de los cielos). Regina mater (reina<br>madre). Virgo Purissima (Virgen purísima), el nutrido auditorio en su mayoría<br>mujeres con los ojos cerrados y en actitud de recogimiento responden al unísono:<br>“ora pro nobis”, (ruega por nosotros) algunos hombres bostezan, un niño de<br>brazos chilla, Regina prosigue su eterna jaculatoria, al fondo en la penumbra, un<br>grupo de jovencitas apiñadas junto a varios muchachos, indiferentes a ese acto de<br>“solemnidad” susurran frasecitas de amor.<br>En el intervalo del primer rezo Regina se acerca – me llama aparte, en la</p>



<p class="wp-block-paragraph">oscuridad, se sienta a mi lado con la confianza de dos viejos amigos, enciende<br>pausadamente un cigarrillo y como si se tratara de un secreto el cual va a ser<br>revelado a pocos me dice calladamente: “el ser rezandera es una profesión muy<br>dura”. &#8211; “a nosotras nos pagan por rezar, nos pagan por trasnochar, por mandar<br>esas almas al cielo”, y señala la estrellada bóveda celeste, donde resplandece la<br>constelación de Taurus.<br>─ ¿Una profesión? &#8211; le pregunté &#8211; “sí, una profesión, a nosotras nos va bien en la<br>medida que la gente se siga muriendo”, es más, -dijo- cruzándose de piernas y<br>soltar un tenue hilillo de humo que brotaba de sus labios, sosteniendo en lo alto de<br>sus dedos el quinto cigarrillo de la noche que titilaba en medio de la inmensa<br>oscuridad –“es un oficio que es para toda la vida”- quedó pensativa y remató: “es<br>un trabajo que no tiene fin.<br>─ ¿por qué? -seguí preguntando- “porque la gente nunca deja de morirse” fue su<br>escueta respuesta &#8211; “aunque por estos lares” – hizo una pausa en su monologo &#8211;<br>se volteó y me escrutó con la mirada de arriba a abajo como si me hubiese visto<br>por primera vez, &#8211; de su boca salió un aliento con olor a almizcle y a nicotina que<br>me invadió por completo el rostro-“ la gente últimamente se muere poco, este<br>oficio está en crisis, está en vías de extinción”-, se aleja y tira con la fuerza del<br>dedo índice la sexta colilla de cigarrillo.<br>– ¡Ah! e hizo nuevamente una pausa –“y el día que me muera”, &#8211; quedó pensativa<br>y entrecruza los dedos de las manos como si hubiese sido sorprendida en una<br>picardía &#8211; musitó- “no quiero que me recen”. &#8211; Intrigado, me deslicé hacia ella para<br>escucharla mejor.</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>¿por qué no quieren que te recen? &#8211; “porque para esa época, aquellas jovencitas<br>que están allá -señaló a las que susurraban frasecitas de amor- “ninguna será<br>rezandera”. Hubo un silencio, interrumpido por cuatro hombres sentados alrededor<br>de una mesa iluminada por un candil, revolvían fichas blancas y nacaradas que<br>refulgían a la luz de la luna, al instante se escuchó el tableteo del -doble seis-<br>cinco y cuatro- se daba inicio al primer round de dominó de la noche.<br>Esa noche percibí que estas mujeres, las rezanderas practicaban una especie de<br>sincretismo religioso en sus rezos, mezclan el latín, lengua oficial de la Iglesia<br>católica en la cual el papa Francisco escribe sus textos con elementos de los<br>rituales indígenas y cimarrones llamada la zafra mortuoria, propia de los negros<br>escapados del marquesado de Yolombó el cual tuvo su asiento en Mompox &#8211;<br>Bolívar.<br>Al rayar la madrugada la mayoría de acompañantes al velorio se habían<br>marchado, se percibía un ambiente de desamparo, devastado por el paso de un</li>
</ul>



<p class="wp-block-paragraph">tsunami; sillas desperdigadas por el amplio patio, el niño de quien se dice que no<br>conocía el hielo recogía en una bolsa los últimos vasos desechables arrojados por<br>doquier donde se había servido el café de la noche, varios hombres que<br>permanecían sentados cabeceaban resistiéndose al abrazo de morfeo, a Regina<br>le entra una llamada a su teléfono móvil donde le anunciaban para esta noche un<br>nuevo rezo en cualquier lugar de la Mojana sucreña, se despide y la veo alejarse<br>en medio del frio amanecer, pienso mucho en esta frágil y sencilla mujer que por<br>ese don del “Logos”, de la palabra que a pocos mortales se les ha concedido,<br>mantuvo en vela y atento toda la noche a un auditorio de más de 200 personas,<br>cosa que envidiaría y que no puede hacer, ni emular el más embustero político en<br>campaña electoral.<br>El autor de esta crónica es el Sacerdote, Premio nacional de cuento y poesía ciudad Floridablanca. Premio pluma de oro de periodismo APB 2018 -2019- 2021 -2023 -2024 Barrancabermeja – Santander. Email: sinuano1817@yahoo.es</p>
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