Gastronomía

El viche sigue siendo un puente entre las generaciones para proteger el territorio

  • En Pizarro, un rincón del Bajo Baudó en Chocó, las conversaciones más importantes no se dan en oficinas ni frente a escritorios. Se dan al calor de la cocina, alrededor de las manos que trabajan la caña de azúcar.

En Pizarro, donde la selva se encuentra con el río y la pobreza aún golpea duro, la Fundación Despertar Flórez ha tejido un puente firme entre los mayores que guardan los saberes y las nuevas generaciones que buscan no olvidar quiénes son. Es un trabajo paciente, hecho de palabras y de actos, donde el viche aparece como mucho más que una bebida: es un símbolo de dignidad, de cultura viva y de defensa del territorio.

La Ruta del Viche: un camino de memoria y resistencia

«La Ruta del Viche» no es solo el trayecto de la caña al destilado. Es la ruta de las mujeres que, con sus manos y su sabiduría, cuidan cada paso de la preparación. Teresa Flórez, lideresa de la Fundación, lo explica con orgullo: «Aquí las mujeres siembran la caña, vigilan el trapiche, extraen el guarapo, lo fermentan con naidí y lo cuidan como se cuidan las historias importantes, las que no se pueden perder».

Cada gota de viche, dice Teresa, lleva consigo el conocimiento de las abuelas y abuelos, las recetas que se heredan de boca en boca, y también la fuerza para mantener viva una economía que no siempre recibe el apoyo que merece. “Para nosotros el viche no solo es una bebida, es una forma de defender lo que somos”, afirma.

Conversaciones que cuidan la cultura

Por eso, la Fundación organiza encuentros donde las y los mayores se sientan a contar a niñas, niños y jóvenes cómo se hace el viche, pero también por qué. Allí se habla de las plantas, de las maderas, de las frutas, de los espíritus del monte, y de cómo, al preparar el viche, se honra al territorio.

“Queremos que la juventud no olvide que el viche tiene su ritual, su respeto. No es solo tomarlo, es saber de dónde viene”, dice Teresa. Por eso, cuando se recorre “La Ruta del Viche”, no solo se mira el proceso de destilado, sino que se escucha a las mujeres y hombres que explican qué significa cada paso, qué historia encierra cada herramienta.

El poder sanador y espiritual del viche

Pero el viche no llega solo. A su lado caminan otras preparaciones como la curada, una mezcla medicinal que sirve para limpiar el cuerpo y el espíritu. «Nuestros padres se toman la curada en la mañana para espantar las malas energías, para empezar el día limpios», cuenta Teresa. Y añade que estas bebidas no son solo para el cuerpo, sino para mantener la conexión con la tierra, con los ancestros.

La curada, preparada con viche y plantas del monte, también es usada por las mujeres para sanar su cuerpo, y se dice que ayuda a la fertilidad y limpia el hígado y los riñones. «Son saberes que el Estado no conoce, pero que nosotros necesitamos preservar», dice Teresa, recordando que en 2021 se aprobó la ley que regula la producción del viche, pero aún falta que se reconozcan plenamente sus usos tradicionales.

Un territorio que quiere florecer

Mientras la Fundación Despertar Flórez enseña a proteger la cultura, también trabaja para aliviar las necesidades básicas de la comunidad. En Pizarro, donde el mar y el río traen la abundancia de la naturaleza, sigue faltando lo esencial: caminos para sacar los productos, escuelas con recursos, hospitales completos.

Por eso, además de «La Ruta del Viche», la Fundación impulsa bancos de alimentos, comedores comunitarios, y entrega ropa y zapatos a las niñas y niños que los necesitan. En 2006, por ejemplo, lograron repartir más de 7.000 pares de chanclas, y en 2023 llevaron por primera vez clases de inglés a estudiantes de grado once. «Nuestro trabajo también es que nuestros niños y niñas puedan soñar con un futuro mejor, sin olvidar quiénes son», dice Teresa.

Viche para el mundo, raíces en Pizarro

Hoy, la Fundación trabaja para que la historia del viche cruce las fronteras del Pacífico. Quieren que visitantes de otras regiones y del mundo puedan recorrer las estaciones de “La Ruta del Viche”, conocer a las mujeres que cuidan la caña, ver los trapiches en funcionamiento y aprender el significado profundo de esta bebida.

«Queremos que quien venga a Pizarro entienda que aquí el viche no es solo un trago, es la vida misma de nuestra gente, es nuestra lucha por seguir siendo nosotros, por no rendirnos ante el olvido», concluye Teresa, mientras sueña con un futuro donde las niñas y niños del Bajo Baudó crezcan sabiendo que sus raíces son fuertes y profundas, como la caña que da origen al viche.

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