Autoperdón Vida cotidiana

¿Perdonar es fácil?

Perdonar es un proceso distinto en cada persona. No somos iguales y nuestros corazones, según el daño que sentimos haber recibido, pueden tardar tiempos diferentes en sanar. Por Oscar Viña Pardo

Las expectativas que muchas personas depositan en otros, o incluso en los proyectos que emprendemos con entusiasmo, suelen convertirse en ilusiones que terminan transformándose en juicios.

Nada resulta más desalentador que crear expectativas en una relación, sea de amistad o de amor. Tarde o temprano, según la idealización que tengamos, ese castillo construido en nuestra mente se derrumba. A veces ocurre porque el camino que toma el otro: un hijo, un hermano, un amigo, una pareja o un compañero de trabajo, no coincide con el que nosotros imaginábamos. Entonces, desde esa expectativa que creamos, terminamos convirtiéndonos en jueces severos, convencidos de que lo dimos todo.

Muchos afirman: “yo no espero nada de nadie”. Pero en el fondo sí esperan. Lo demuestran cuando el dolor se instala en el corazón y permanece allí por mucho tiempo. Sus corazones se cierran a nuevas posibilidades, incluso a la oportunidad de volver a compartir con quienes consideran que les fallaron. Pero vale la pena preguntarse: ¿quién falló realmente? Porque cuando decíamos que no esperábamos nada de nadie, en realidad nos estábamos engañando.

Así alimentamos la desilusión una y otra vez, como en ese bucle del que hablo en mi libro Recuerda que nada es personal. Paradójicamente, muchas veces terminamos sintiendo que todo sí es personal, porque no logramos trascender el dolor.

Algo similar ocurre con los proyectos que emprendemos en la vida. Los llenamos de sueños y de ilusiones, y cuando no resultan como esperábamos, nos cuesta levantarnos del golpe. Nos convertimos en verdugos de nuestro propio destino, repitiendo el juicio contra nosotros mismos una y otra vez. La frustración se transforma entonces en un dolor permanente que nos impide perdonarnos y volver a intentarlo.

También sucede en el amor. Muchas personas creen que fracasar en una relación es una derrota definitiva y se refugian en un caparazón del que no quieren salir. Olvidan que el perdón no se busca en el otro, sino en el propio corazón. Así caemos nuevamente en el mismo círculo: repetimos patrones, buscamos en otra persona lo que imaginamos que debería ser el amor, sin comprender que el cambio primero debe ocurrir dentro de nosotros.

Perdonarnos no es una tarea fácil, pero tampoco tiene que convertirse en una tragedia permanente. Existen muchas maneras de iniciar ese camino. Una de ellas es escribir lo que sentimos: poner en palabras el problema, asumir nuestra parte en él y buscar desde allí la solución. Entender que somos humanos y que el derecho a equivocarnos también nos invita a reflexionar.

¿Podemos cometer el mismo error otra vez? Claro que sí, incluso varias veces. Pero hasta que la lección no se aprende, la vida suele presentarnos la misma prueba. Solo cuando logramos perdonarnos pasamos al siguiente nivel.

Para muchos, la música, la soledad o incluso el silencio se convierten en válvulas de escape. Hablar con un amigo o con un terapeuta también ayuda. Pero la verdadera transformación siempre ocurre en el interior de cada persona. Allí donde, a través de la reflexión, la escritura o la meditación, comenzamos a reconciliarnos con nosotros mismos y a crecer desde el amor propio.

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