El cacay, especie nativa de la Orinoquía, fue protagonista en un festival que llamó a protegerlo por su valor ambiental, ancestral y económico.
En Lejanías, Meta, el cacay dejó de ser un árbol olvidado para convertirse en símbolo de esperanza, identidad y sostenibilidad. Campesinos, estudiantes, docentes y autoridades locales celebraron la tercera versión del Festival Cultural y Ambiental del Árbol del Cacay, una jornada en la que se exaltó su historia, su fruto y el potencial transformador de su cultivo.
El cacay (Caryodendron orinocense) es una especie nativa de la Orinoquía y la Amazonia colombiana, conocida por su nuez, de la cual se extrae un aceite rico en antioxidantes, usado tanto en cosmética como en alimentación. Esta semilla ancestral, que alguna vez estuvo al borde de desaparecer por desconocimiento y deforestación, hoy se recupera en viveros y siembras comunitarias como símbolo de resistencia campesina.
Luis Carlos Fernández, presidente de Asprocacay, resaltó que 26 familias viven hoy del cultivo y transformación del cacay, pero que para asegurar su futuro deben sembrarse más árboles y formar a las nuevas generaciones. “Esto es sostenibilidad alimentaria y económica. Si no protegemos el árbol, perdemos más que una especie: perdemos parte de nuestra historia y futuro”, afirmó.
Durante el festival, los asistentes participaron en concursos de cuentos, talleres de cocina con cacay, muestras culturales y conversatorios académicos. Erick Vladimir Velazco, rector de la IE Gabriela Mistral, recordó que los colonos usaban su almendra para preparar alimentos y que, además, “el cacay capta más dióxido de carbono que otros árboles de la región, siendo un pulmón viviente”.
La alcaldía de Lejanías y organizaciones campesinas como Asprocacay hicieron un llamado a valorar y proteger el cacay no solo como fuente de ingresos, sino como aliado para la conservación ambiental. En una región golpeada por la deforestación, el cacay representa una oportunidad para sembrar vida, cuidar la tierra y construir un modelo de desarrollo con raíces profundas.
Hoy, el árbol del cacay pide ser respetado y multiplicado. Su sombra ancestral, su fruto generoso y su poder regenerador son una invitación urgente: cuidar el bosque es cuidar la vida.



